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«Me pondrán una soga al cuello y me colgarán hasta morir»

Asia Bibi con su esposo y familia
«Cuando entramos en el pabellón de mujeres de la cárcel fue durísimo ver a través de los barrotes el rostro desconsolado de Asia [Bibi]», explicó angustiado Shohail Johnson, coordinador de la ONG Sharing Life Ministry Pakistan, que acompaño ayer a Ashik Masih, el marido de la condenada y sus tres hijas (Sidra, Isah e Isham) por primera vez desde que Bibi fue condenada a muerte el pasado 7 de noviembre. Al ver a sus hijas Asia comenzó a llorar, explica Johnson, quien trató de consolarla: «Le dije que tenía que ser fuerte, que la fe en Dios la ayudaría a superarlo», explica. 

Según su testimonio, Asia le dijo que tras recibir la condena había perdido las esperanzas de ser libre. «Ellos [por el personal de la prisión] van a colgarme», le dijo. Además, la noticia de que el próximo 30 de noviembre será ejecutado en la horca un preso de Karachi, «le ha conmocionado», explicó Johnson, mientras intentó repetir las palabras de Asia: «Desde que me enteré no paro de pensar en que un día a mí también me pondrán una soga por el cuello y me colgarán hasta morir». 

Johnson consideró que su estado emocional se debe al hecho de «estar encerrada en una celda de aislamiento, incomunicada». Lo que más le preocupa a Bibi es el futuro de sus hijas pequeñas, «cómo crecerán sin el amor y el cuidado de su madre», continuó Johnson, que le angustiaba que Asia «tuviera pensamientos obsesivos con la muerte». 

«Asia no está contenta con su abogado», afirmó, mientras explicaba que «no estaba lo suficientemente preparado para defender su caso porque falló a la hora de demostrar su inocencia». 

Bibi le dijo a Johnson que en la cárcel de Sheikhupura había otra presa musulmana condenada a cadena perpetua por blasfemia. «Se debería abolir la ley sobre la blasfemia. Los musulmanes la utilizan como una venganza personal», censuró Johnson, antes de explicar que cuando el juez dictó la sentencia de muerte contra Bibi, un policía le ordenó a quitarse los zapatos y la sentaron en una habitación aparte junto con cuatro clérigos musulmanes y el juez le obligó a firmar dos documentos. «Afuera, en la sala del tribunal, había extremistas musulmanes que se felicitaron por la sentencia», recordó Johnson. Su organización, junto con otras, va a iniciar una campaña de solidaridad con Bibi en Pakistán. «No podemos manifestarnos ahora, que el caso está pendiente de apelación en el Tribunal superior de Lahore». 

Primero, organizarán reuniones con varios colectivos, entre ellos el de los abogados. «Nos movilizaremos pacíficamente para que nuestros representantes en la Asamblea de Lahore y en el Parlamento presionen al Gobierno», insistió, antes de informar de que mañana varios miembros de su organización y el marido de Asia participarán, por primera vez, desde que se anunció la condena a muerte contra la mujer cristiana, en un programa de la cadena privada Geo TV para discutir sobre el caso de Bibi.


Ethel Bonet/La Razón

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