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Preparando otro genocidio / Pio Moa


Ricardo Latorre Cañizares ha publicado en ediciones Sol el libro La libertad religiosa y España 2011. Trata en él los movimientos tan radicalmente anticristianos como antidemócratas que desde hace años y muy especialmente con Zapatero, cunden por España con creciente virulencia atacando la libertad religiosa de los católicos. Un fenómeno que se desarrolla también en el Islam y en el Occidente “laicista” (debería llamarse mejor ultralaicista o simplemente anticristiano, no antirreligioso pues esas actitudes entrañan una especie de religiosidad sucedánea y trivial).
El libro examina una serie de sucesos significativos publicados en la prensa y las reacciones, a menudo increíbles en un estado de derecho,  que han provocado. Por ejemplo, tras el asalto a la capilla del campus de Somosaguas, “las autoridades deciden la clausura de la capilla. ¡Asombroso! (…) ¿Las consecuencias de una acción vandálica  por parte de quienes atropellan los derechos de los demás pueden ser que, de hecho, los violentos consigan su objetivo y esos derechos queden conculcado?” Pues esa es la tendencia, que recuerda poderosamente la del Frente Popular, cuando ante los desmanes de la izquierda las autoridades perseguían aún más a la derecha.
Otro ejemplo entre muchos: la procesión atea que intentaron unos energúmenos el Jueves santo de 2011 tenía por objetivo, según los propios organizadores, “castigar a la concienci católica” y “hacer daño sin contemplaciones”. ¿Qué dirían esos tipos si los cristianos, tan mayoritarios, les replicasen del mismo modo? El portavoz de Ateos en lucha en un programa de radio informaba de que la procesión se dentendría en la plaza de Agustín Lara, donde quedan “las ruinas de las Escuelas Pías incendiadas por la CNT  el 19 de julio de 1936, y comentó textualmente: “Esa iglesia la quemó el pueblo de Madrid en la revuelta que hubo con la República. Para nosotros es una referencia imprescindible”. Debe recordarse que, tradicionalmente, el “pueblo” lo constituyen, para la izquierda, los delincuentes. Reacción de las autoridades: ninguna. Solo cuando el grupo Hazte Oír reunió cien mil firmas, para que la delegada del gobierno ¡aplicara la ley! (una autoridad que no aplica la ley se convierte ella misma en delincuente, como lo fueron las autoridades del Frente Popular. Y hoy es una actitud habitual) y protegiera a los creyentes de los insultos y provocaciones de la antiprocesión atea plneada para el mismo Jueves Santo, la autoridad competente se dignó (exclusivamente) desplazar la fecha y cambiar el recorrido.
 El ateísmo español se ha caracterizado por dos rasgos esenciales: su completa inepcia intelectual (nada que ver con el ateísmo francés, por ejemplo, mucho más refinado en ese aspecto) y su extrema violencia. Siempre sembró un odio ciego y cuando tuvo ocasión, es decir, cuando la ley no era aplicada o lo era débilmente,  organizó matanzas e incendios. No debe olvidarse que la república empezó con más de cien incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza, y culminó, ya en el Frente Popular, con un auténtico genocidio acompañado de una crueldad enloquecida. Pero en España parece que la experiencia histórica no sirve para nada, o es analizada desde el punto de vista de los criminales (“el pueblo” de nuestra descerebrada izquierda). No creo que en Alemania, después de lo que pasó, se consienta impunemente una propaganda de odio contra los judíos, y digo propaganda de odio, no investigación. Pero aquí no solo se consiente, sino que se promueve con la mayor tranquilidad. Incluso por la derecha. Todavía recuerdo la torpe provocación de Paz Vega, ante la cual doña Cristina Cifuentes hablaba del bello cuerpo de la actriz, aunque deplorase suavemente la “ofensa”. 
 La agresividad del  ultralaicismo es examinada asimismo por Francisco José Contreras y Diego Poole en Nueva izquierda y cristianismo (Ediciones Encuentro),  un libro ya comentado aquí, muy ilustrativo sobre el fondo ideológico de tales actitudes.
Pio Moa
Historiador y analista político. Ha publicado unas memorias ("De un tiempo y de un país") sobre su juventud en el PCE y en el PCE(r)-GRAPO. Fue bibliotecario de la dirección del Ateneo de Madrid y desde 1999 ha escrito numerosas obras con enfoques novedosos sobre la República y la guerra civil, la posguerra y la historia general de España, así como gran número de artículos de análisis de la actualidad e históricos.

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