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P. Jacques Hamel


Los  valientes “soldados” del Daesh han llevado a cabo una acción “heroica”: asesinar, arrodillado, a un sacerdote de 84 años. Con el morbo añadido de filmar ese crimen.
Algo pasa en una religión cuando, en su nombre, se perpetran salvajadas de ese calibre. La relación entre religión, razón y violencia es un parámetro que merece ser analizado. No cabe decir: “yo apoyo esa religión, pero no la violencia”. No cabe apoyar ese tipo de violencia nunca. Y si hay que revisar la religión, debe ser revisada. La actitud cómplice de “no lo comparto, pero lo comprendo” no ayuda nada.
Pero no solo hay “religiosos” complacientes – no violentos, pero que “comprenden” la violencia - , sino que hay también – muchos – ignorantes y estúpidos que no mueven un dedo a favor de nada positivo, pero sí manejan su teclado para exculpar a los culpables: Que si los violentos son pobres, que si han bombardeado Siria, que si no llueve café en el campo…Cualquier cosa les vale para cubrir de razón a quien nunca la tiene. Hoy he leído incluso un comentario en Internet – y yo no les concedo apenas valor a esos comentarios – que, ante la muerte del sacerdote, decía: “Un pederasta menos”.
El nivel de miseria moral de los terroristas es muy alto. Son muy miserables. El nivel de los “comprensivos” es igualmente alto, en miseria, en degradación. Ese tipo de gentuza es la que, ante un asesinato, piensa: “Algo habrá hecho el asesinado”. Se satisfacen culpando a las víctimas. No creo que el P. Jacques Hamel haya combatido en Irak o en Siria. No porque sea malo combatir con las armas el mal, que es el lo que hay que hacer, sino porque era una persona anciana que no podía hacerlo de ningún modo.
Le ha tocado, hoy, a él. Lo curioso del destino es que matan a un sacerdote porque lo identifican con “los cristianos”. Para ellos, para esos terroristas, “los cristianos” son los europeos, sin más. Quizá no hayan sabido que Europa ya no es cristiana, sino apóstata. Pero el martirio redimirá, tal vez, muchas apostasías.
Yo no le deseo mal a nadie, pero a quienes se muestran proclives a encontrar razones de lo injustificable, les pediría un mínimo de vergüenza y de coherencia moral. Que den su tarjeta de visita, su dirección y número de teléfono a los “valientes” del  Daesh, para que estos comiencen su “justa” venganza sobre Occidente sobre ellos. Sobre esas personas tan abiertas y comprensivas. Quizá así, “la letra con sangre entra”, se vuelvan menos idiotas y más racionales.
El problema, en el fondo, no es el Daesh. El problema es la vocación de suicidio de Europa. A los “valientes” soldados del enemigo no les oponemos resistencia mental, religiosa y cultural. No, los “valientes” soldados entran en un geriátrico y obligan - ¡cómo no! - a ponerse de rodillas a los ancianos. Sin que nadie replique, no sea que vaya a ser el siguiente en el degüello. 
Que el P. Jacques Hamel ruegue por nosotros. Falta nos hace.
P. Guillermo Juan Morado.

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